Hemos iniciado un nuevo curso, con más ganas e ilusión que nunca, y eso se refleja en las jornadas y actividades que estamos realizando, Jornadas saludables, con esos preparados de fruta a la vista del cliente, las Jornadas de las aves, con los trinchados de pato, pollo y picantones, con el trabajo de la técnica en barra, el buen manejo de la coctelera o del vaso mezclador, las Jornadas de los pescados planos, con el desespinado de rodaballo, lenguados y gallos.
La realización de una petaca, para el montaje de una mesa bufé en el comedor y…… todos esos platos a la vista del cliente.
Curso nuevo, diferente, pero hay algo que no cambia en la Escuela de Hostelería Guayente, la ilusión, la intensidad, la inquietud, nada nos detiene, seguimos!
El Grupo San Valero firma un convenio con la Escuela de Hostelería Guayente por el que financiará dos becas para este curso 2020 – 2021
Se plantean otras líneas de colaboración enfocadas a la docencia en el mundo rural
El Grupo San Valero y la Escuela de Hostelería Guayente(Sahún – Huesca) firmaron ayer, 21 de septiembre , un convenio de colaboración por el que el grupo educativo, respondiendo a sus valores y principios de responsabilidad y compromiso social, financiará dos becas de transporte, alojamiento y manutención para dos alumnos de la escuela en situación de dificultad económica acreditada, en el curso 2020/2021.
El acto de firma lo han llevado a cabo el director general del Grupo San Valero, César Romero Tierno y la directora de la Escuela de Hostelería Guayente, Mª Ángeles Grasa Francés, acompañados por el responsable del área de empresas de SEAS Estudios Superiores Abiertos, Antonio Ariza y por el jefe de estudios de la escuela Francisco Fuertes, respectivamente.
Esta colaboración contempla dos líneas de colaboración en las que ambas entidades trabajarán por su efectivo desarrollo. Por una parte se promoverá una acción conjunta con elAula Móvil del Grupo San Valero para acercar la educación y poner en valor la FP en el mundo rural, y por otra se estudiarán posibilidades de desarrollo de proyectos online con SEAS Estudios Superiores Abiertos, entidad de estudios online perteneciente al Grupo San Valero.
Sin querer estudiamos a nuestros clientes antes de que lleguen a nuestro establecimiento. Y todo comienza antes incluso de verlos. Al teléfono…
Su educación; si da los buenos días, si por el contrario van al grano, su tono, su elocución, el timbre de su voz… Ya nos llevamos una primera impresión, aunque a su llegada la imagen que vemos se distorsiona, no es como la imaginamos. El cliente hace su aparición en escena y seguimos radiografiando:
¿Saludan? … o por el contrario entran directos a ocupar la mesa que más les gusta, sin ni siquiera haber preguntado… ¿Sonríen?… Por lo general el cliente que sonríe, saluda, y espera pacientemente a que tengamos un segundo para acompañarlos hasta su mesa ¿Agradecen?… ¿Te dan las gracias por acompañarlos a su mesa o simplemente se sientan sin más? ¿Esperan?… ¿Son capaces de esperar a que les llevemos las cartas sin darse cuenta de que no son los únicos? Fíjense que hemos cruzado sólo unas palabras y ya tenemos a nuestros clientes examinados antes de pasar unas horas con nosotros. Sí levanta la mano antes de terminar de leer la carta, haciéndote entender que ya saben su elección; y posiblemente tenga prisa.
Si por el contrario ya la han leído y esperan con las cartas cerradas encima de la mesa, hablando pacientemente entre ellos o mirando las últimas fotos de Instagram en sus teléfonos móviles. El que se deja aconsejar o por el contrario, el que te dice que es un comidista, o mejor utilizaré un anglicismo que es más chic, soy foodie, instagramer, youtuber, o influencer…así que cuidadín conmigo, que depende del tipo de cocina que haces o platos que presentas a ese ser tan influyente, que no gastrónomo, va a ir tu futuro profesional plasmado en las redes.
¿Se dan Ustedes cuenta que no hemos ni tomado la comanda a esos clientes, y ya se han hecho una imagen de su personalidad? ¿Qué plato me recomienda? ¿Qué vino?
Con la imagen ya en su cabeza de un tipo de cliente determinado, la persona que toma la comanda, ya ha analizado que platos puede recomendar, que tipo de vino, que postres, el tratamiento, el comportamiento a seguir, la manera correcta en la que debemos dirigirnos a ellos, si les va a parecer caro, si le va a gustar el vino, si ya está escribiendo en alguna App comentarios sobre sus grandes conocimientos en el mundo de la gastronomía y hostelería… Y todavía no ha comenzado.
La entrada en la cocina avisa que en la mesa 4, hay un cliente que tiene prisa (y ha sido el último cliente en entrar), que seguramente le pongamos el plato que le pongamos, va a encontrarle algún defecto, que el vino no va a estar en la temperatura adecuada, que el pan no es de su agrado, y que la temperatura de sus viandas no es correcta.
Analizado antes de sentarse en la mesa ya sabíamos por su comportamiento, su educación y sus modales que no teníamos alternativa. Recuerde que en la otra mesa, sí, teníamos a otros clientes, pacientes, educados, comprensivos… ¿Creen que la psicología de una persona que trabaja a la vista del cliente es poca?
Una palabra que se estudia en técnicas de comunicación es “empatía”. Una buena asignatura para aprender todos estos detalles, aunque luego la experiencia sumada a la formación te descubre todos esos detalles. Sea amable, educado y respetuoso con la persona que le atiende. De todos estos factores dependerá un trato recíproco que usted agradecerá.
Un camarero, un Maitre, un sumiller, un barman, un barista está para servirle y no para soportarle.
Recuerde que aparte de ser un profesional de la hostelería, también tiene una gran dosis de psicólogo. Y no es lo mismo: Buenos días, cuando pueda me pone un café por favor, que entrar y decir: ¡un café!
Javier Pardo Ferrer
Profesor de Restaurante y Bar – Escuela de Hostelería de Guayente.
En estas semanas de aislamiento nos hemos dado cuenta (aún más) de que el ser humano es social y la comunicación es algo con lo que contamos de forma innata. Si analizamos cualquier proceso, entendemos que comienza con la codificación por parte del emisor de una información que quiere hacer llegar a otra persona, el receptor.
Y ¿qué tiene que ver esto con la hostelería?
Pongamos un restaurante donde el dueño ha volcado su pasión, su gusto, su manera de entender la gastronomía y puede que hasta la cultura de toda una región. A través de su restaurante, su casa, intenta transmitir un mensaje a todo aquel que cruza el umbral de la puerta. También podemos pensar en el cocinero del restaurante, cuyas dotes culinarias se basan en la cocina tradicional de su tierra, en las técnicas que ha aprendido en su formación, su experiencia en los fogones ¡o incluso en las recetas que le enseñó su abuela!
Cada uno de sus platos es representación de todo ello, su manera de expresarse y por tanto, su mensaje. Cocinero y hostelero son emisores de un mensaje no verbal que codifican y envían al receptor.
El receptor es el cliente que ha optado por ir a un restaurante a disfrutar de una experiencia, porque, al fin y al cabo, de eso se trata. Va a descodificar el mensaje en forma de sabores, olores y texturas. Pero no podemos olvidar la intervención de un tercer emisor: el camarero. A través de su mensaje oral contribuye a que toda la información llegue al cliente sin “ruido”.
Los expertos denominan ruido a todo lo que perturba el proceso de transmisión y recepción y aquí entra en juego la profesionalidad del camarero.
Un ruido podría ser su desconocimiento de los ingredientes y modos de elaboración, de los vinos que maridan mejor con los platos o del protocolo esencial de un restaurante.
También provoca ruido que carezca de habilidades lingüísticas y comunicativas (uso de un registro demasiado informal, una palabra mal pronunciada, mal uso de las fórmulas de cortesía,…). De ahí la importancia de la formación de profesionales con estas capacidades.
Es necesario que en el proceso formativo de un profesional de la hostelería se aprendan y pongan en práctica las herramientas comunicativas adecuadas para que el cliente disfrute de una experiencia impecable, pero, cuidado, la labor se puede complicar si los participantes no hablan el mismo idioma.
El mundo global en el que vivimos nos ha permitido visitar países que nuestros padres y abuelos jamás hubieran soñado y recibir turistas de cualquier rincón del mundo, por lo que la situación descrita es bastante cotidiana.
Volvamos al restaurante. Imaginemos que el cliente que entra no habla ni entiende español, pero el camarero que le atiende tampoco es capaz de comunicarse en su idioma. Una parte del mensaje que transmitimos se distorsiona, la comunicación se llena de ruido y la experiencia del cliente se puede ver arruinada. Ahora vamos a imaginar que el camarero puede mantener una conversación fluida con este cliente, resolver sus dudas de los ingredientes o alérgenos, recomendarle un vino de la zona ¡y encima en su idioma!
Con el conocimiento de la lengua, el camarero ha evitado el ruido y ha contribuido a que el mensaje se transmita exitosamente.
La gastronomía de una región forma parte del recuerdo que un turista guarda de una zona visitando sus bares y restaurantes. Necesitamos camareros capaces de comunicarse adecuadamente. La atención al cliente, extranjero o no, tiene que ser llevada a cabo con calidad y profesionalidad y solo se consigue a través de la formación.
Debemos darle a la formación en escuelas de hostelería la importancia que se merece. Dar valor a que la hostelería se nutra de profesionales que dominen las técnicas de atención al cliente, que haya adquirido las habilidades comunicativas y que sea capaz de comunicarse en un idioma extranjero, pues está en sus manos embellecer el mensaje que un hostelero y un cocinero quieren trasmitir.
Él puede contribuir a que el cliente genere un recuerdo positivo y lo asocie a una región, un plato tradicional, un restaurante… En definitiva, la buena formación y profesionalidad del camarero hace que la experiencia del cliente sea inolvidable.
Raquel Clavel
Profesora de inglés – Escuela de Hostelería de Guayente.
Según la RAE cocinero es la persona que tiene por oficio guisar y aderezar los alimentos.
Es una definición correcta, pero para mí la definición sería “persona que a través de las elaboraciones que guisa o adereza transmite sensaciones”. Si no es así, no eres cocinero, eres un cocinillas.
Si me preguntaran cuál ha sido el mejor plato que he cocinado, la respuesta la tengo muy clara: no lo sé.
A lo largo de los años he cocinado platos que los comensales siempre me recuerdan lo buenos que estaban a pesar de que hayan pasado varios años desde que los comieron. Pienso que la cocina es un arte efímero en el cual solo queda el recuerdo de los platos que nos han transmitido algo. Para que un plato perdure en el tiempo, en la memoria del cliente, tiene que tener alma. Hay cocineros que tienen mano para dar alma a esas recetas que elaboran, hay gente que lo denomina “tener mano para la cocina”.
Siempre oímos decir lo bien que cocinan nuestras abuelas. Igual que el cariño, el amor o la pasión se puede transmitir con un mirada, un abrazo o un texto, también se transmite a través de una receta y eso es lo que hacen nuestra abuelas: poner el alma en sus humildes recetas que saben a gloria. Todos en algún momento hemos realizado ese plato que quedó redondo, que tenía alma, que bordamos.
Cuando hacemos un plato así y lo compartimos es una de las sensaciones más gratificantes que hay, no hay nada mejor que dar felicidad a la gente ya pueden ser clientes o amigos y que a la vez estos reconozcan tu trabajo.
El alma no se transmite en las recetas de los libros de la misma manera que no se compone una sinfonía aprendiendo solfeo. Para mí la gastronomía merece el mismo respeto que otras disciplinas artísticas, porque es parte de la cultura de cada región.
Como ejemplo os diré que, cuando vi por primera vez la basílica de El Pilar, me impresionó, pero también quedé impresionado y con una gran sensación de felicidad un día sentado en una terraza en la plaza de Aínsa escuchando a Labordeta y comiéndome unas impresionantes chiretas.
Parece una tontada, pero fijaros en una conversación con amigos que hayan estado de viaje de qué hablan. Seguramente de las experiencias nuevas que han tenido y una de ellas será la gastronómica, y, si no hablan de ello, nosotros enseguida se lo preguntamos: ¿Qué tal habéis comido?
Finalizo diciendo que nuestra misión como profesores de este arte es compartir y transmitir el alma de la cocina a nuestros alumnos y alumnas.
José Miguel García-Escudero Ulibarri.
Profesor de «Cocina» – Escuela de Hostelería de Guayente.
Ha llegado el momento de la sala, ha llegado el momento de hacer las cosas bien, ha llegado el momento de exigir esa profesionalidad, y cuando hablo de profesionalidad, no me refiero solo al camarero de los restaurantes de estrella Michelin, o de los restaurantes de 3, 4 ó 5 tenedores, me refiero a la profesionalidad de todas las personas que se dedican al servicio de un restaurante, de un bar, de una cafetería, de una discoteca, de una taberna, de un café, etc. Esa profesionalidad tiene que ser la de la atención al cliente, la atención por los pequeños detalles, cuidar, mimar al cliente.
La seguridad que se debe de transmitir es muy grande, debemos de generar entornos seguros y confiables. Para ello, la actitud del personal de servicio va a ser fundamental, desde la actitud va a empezar esa confianza del cliente.
Desde una actitud positiva, no desde una actitud de derrota, desde esa actitud, no se logrará. En este nuevo escenario, el camarero pasa a ser el protagonista, su imagen, su uniformidad, su limpieza, su olor, y naturalmente, sus competencias profesionales, también pasan a ser parte fundamental de esa confianza.
El cliente debe de ser exigente, se debe de acabar el ver a “profesionales” sirviendo con ropa de calle, con anillos, pulseras, relojes y todo tipo de objetos que son perfectos depositarios de la mayor de las suciedades.
Debemos de premiar como clientes a esos establecimientos que se preocupen por nosotros, que nos demuestren con sus actos, con sus uniformes, con su higiene, que nos están dando seguridad. Y exijamos la profesionalidad de las personas que trabajan en una barra, o en un comedor, digámosles así NO cuando veamos servir con ropa de calle, o cuando veamos poner un dedo dentro de un plato, o cuando veamos llevar los cubiertos con la mano, o cuando veamos recoger unos vasos con los dedos dentro de las copas sucias, etc,
¡ASÍ NO! Solo con esa exigencia por parte de los clientes, conseguiremos esa profesionalidad. Tiene que ser el cliente el que exija ese servicio, que ahora suma su importancia con la seguridad.
Y exijamos también esos conocimientos, no podemos permitir que la persona que nos atiende no conozca el menú, o la carta, o los ingredientes de ese cóctel…, ahora, esa comunicación con el cliente va a ser fundamental, esa explicación que nos den, cómo nos la transmiten, etc. Ahora es también el momento, si hasta ahora no lo habíamos hecho de escuchar al cliente, tenemos que escucharle para saber cuáles son sus necesidades e intentar satisfacerlas.
Los camareros no deben de ser transportistas de platos, los camareros son asesores de servicio…
¿A qué cambia la definición?, pero para dejar de ser transportistas de platos y convertirnos en asesores de servicio, debemos de formarnos, de aprender la profesión, y de tener esa vocación de servicio por los demás.
Hay que invertir en formación, es de las mejores inversiones que podemos hacer en beneficio de nuestros clientes.
José Luis Samitier.
Profesor de «Servicios» – Escuela de Hostelería de Guayente.
¿Sería posible que todos pasáramos por una formación en cocina a lo largo de nuestra vida escolar?
No cabe duda de que el sector de la hostelería en este país es uno de los grandes motores que emplea directamente a más de un millón de personas.
Sabemos que hemos topado con un gran obstáculo en los últimos meses, y sabemos que va a marcar la tónica de trabajo de los siguientes. Pero después de ésta, que saldremos, se buscarán muchos profesionales con vocación y perfectamente formados, superando la idea de que para hostelería todo el mundo vale. Profesionales a los que una vez formados en hostelería y con cualidades como el saber trabajar en equipo, y tener una buena actitud, el empleo no les va a faltar.
Nos puede aportar conocimientos, práctica, destrezas para enriquecer la alimentación
Además de ser un sector con una gran cantidad de puestos de trabajo cualificados por cubrir, y que por lo tanto, es un buen aliado para decantarnos por estudiar una de sus ramas, vamos a descubrir o darnos cuenta que ese es uno de los muchos motivos por lo que no deberíamos inclinarnos sobre la hostelería, o por lo menos dedicarle algún tiempo de nuestra vida académica y beneficiarnos de ella.
Una de las muchas razones y una de las que más peso podría tener, sería el saber acercarnos a una alimentación más saludable y de calidad. El conocer el valor nutricional de lo que estamos haciendo, el aprender a cocinar a un nivel profesional o más alto al amateur, puede hacer que tomemos conciencia sobre la necesidad de alimentarnos de una forma equilibrada, al conocer técnicas apropiadas a utilizar para cada tipo de alimento con el que vayamos a trabajar, o simplemente tengamos a mano. Mucha gente pasaría de saber hacer cuatro cosas, a contar con una amplia gama de recursos para optar por una alimentación más compensada y variada.
Además de luchar contra la obesidad en jóvenes, cada vez más presente entre nosotros.
Sabríamos elegir y cocinar productos de temporada, no depender de medios artificiales de cultivo como el uso de invernaderos, cámaras para alargar la vida útil de las frutas y verduras, etc.
Cada estación nos trae y nos ofrece productos que nuestro cuerpo necesita para mantener la salud en plena forma, por ejemplo, vitamina C en invierno con los cítricos o frutas con más contenido en agua para el verano como la sandía y el melón.
Controlaríamos el “despilfarro” en las casas. El aprovechar los alimentos aún cuando no parecen que sean ya aprovechables y así darles el valor que de verdad tienen, y que es muy difícil de ver en una sociedad como la nuestra donde casi nunca falta de nada.
Ver en qué podemos emplear ese resto o parte de verdura que no utilizaríamos de normal, o el simple ejemplo de ver que casi todo tiene utilidad, ya sea desde una pieza de casquería a una crema o un puré que lleva unos cuentos días en nuestra nevera y ya no nos llama la atención.
Vamos a darle una “vuelta de tuerca” para volverlos llamativos,
apetecibles y no desecharlos.
Mantendríamos muchos platos y elaboraciones que han ido pasando
de generación en generación y que actualmente estamos perdiendo, ya sea por la
falta de tiempo, falta de interés, pero sobre todo por falta de conocimientos
técnicos que nos están impidiendo el poder adentrarnos en según qué recetas que
nos aportarían variedad y sobretodo traspaso de información culinaria a
generaciones venideras.
Como hemos visto, estudiar cocina puede ser un buen camino para
labrarnos un futuro muy interesante. Pero también nos puede aportar
conocimientos, práctica, destrezas y habilidades para hacer nuestra alimentación
más rica y variada, por ende una vida mucho más saludable.
Por: Pablo Villacampa Lordán Profesor de «Cocina» – Escuela de Hostelería de Guayente.
Primavera del 2020. Aquí estamos en el valle de Benasque viendo pasar la primavera sin poder disfrutarla, con mucho tiempo para pensar cómo acabará todo este caos. En especial para el gremio de la hostelería al que me siento vinculado desde los dieciséis años.
Cada negocio de hostelería tiene su propia realidad, por desgracia habrá algunos que cierren, y espero que la gran mayoría sobrevivan.
Este momento es como el tiempo muerto en un partido de baloncesto, parar (en este caso por obligación) y pensar qué tenemos que hacer para mejorar cuando vuelva a empezar el partido.
El panorama no es muy halagüeño, primero cuándo y luego cómo se abrirá. Habrá aforo limitado y la clientela tocada económicamente, esta es una ecuación muy complicada. Los hosteleros tendrán que hacer una gestión óptima para poder sobrevivir. Si se reduce el aforo y se aumentan las exigencias sanitarias, todo esto conllevará mayores costes, y los clientes tendrán que acostumbrarse a pagar por lo que esperan (en hostelería un producto y un servicio).
Yo, en la escuela de Guayente, insisto mucho a mis alumnos en la importancia de la gestión, no es suficiente con saber cocinar o servir bien un café. La gestión del personal, los costes, escandallos, las mermas, la gestión del economato y bodega, etcétera, va a determinar si ganaremos, cambiaremos el dinero o en el peor de los casos tendremos pérdidas.
Todo el mundo dice que ya nada volverá a ser igual. Bueno, yo discrepo en parte.
No entiendo una sociedad sin bares o restaurantes. Los seres humanos tenemos la necesidad de socializar. Necesitamos afecto, aceptación social, formar parte del KM0 grupo, etcétera. Todo esto se da en los bares.
Solamente por el hecho de no poder compartir una cerveza con los amigos esta crisis está resultando muy dura, por eso yo tengo claro que en cuanto abran los bares la gente volverá a salir y espero que sea pronto, por los hosteleros, los clientes y la economía.
Por: José MiguelGarcía-Escudero Ulibarri Profesor de «Cocina» – Escuela de Hostelería de Guayente.
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