El pasado 28 de mayo, la Escuela de Hostelería Guayente vivió una jornada inolvidable y profundamente emotiva: el homenaje a Javier Pardo Ferrer, profesor de Servicios en Restauración desde 2011, compañero y amigo querido por todos. Un acto íntimo, lleno de cariño y respeto, que reunió a antiguos alumnos, profesorado, familia y amigos en un espacio que, a partir de ahora, llevará su nombre: el aula de prácticas de sala Javier Pardo.
Este homenaje no fue un evento abierto al público. Fue una celebración interna, pero muy significativa, en la que toda la comunidad educativa quiso agradecer y recordar la huella humana y profesional que Javier dejó en nuestra escuela.
Cocina y sala en armonía: formación con alma
El acto se estructuró como una experiencia de aprendizaje y homenaje, protagonizada por un servicio completo de cocina y sala, donde profesorado y alumnos trabajaron codo a codo con referentes del sector. En cocina, nos acompañaron Iris Jordán, chef del restaurante Ansils y antigua alumna de nuestra escuela, recientemente galardonada con una estrella Michelin, y Christian Palacio, del restaurante Gente Rara de Zaragoza. En sala, formaron equipo Félix Artigas Portero, sumiller de Gente Rara; Bruno Jordán, maître de Ansils; y José Luis Samitier, antiguo profesor y compañero de Javier.
Todo el servicio se desarrolló en un ambiente de profesionalidad, emoción y gratitud. Esta experiencia de aula viva fue, como tantas otras en nuestra escuela, un momento de formación auténtico para nuestros estudiantes, que aprendieron con quienes fueron antes alumnos y ahora son referentes. Porque en Guayente formamos generaciones desde la vocación, con un modelo pedagógico basado en la transmisión de saberes y valores.
Javier Pardo Ferrer: siempre presente en Guayente
Javier no solo enseñaba a servir una mesa. Enseñaba a mirar, a escuchar, a respetar el oficio y a crecer con humildad. Por eso, la nueva aula de prácticas de sala lleva su nombre, y cada alumno que entre en ese espacio lo hará sabiendo que allí sigue latiendo el espíritu de quien enseñó con pasión, respeto y alegría.
Este homenaje no solo fue un reconocimiento, sino también una declaración: en Guayente somos una familia. Una familia profesional, educativa y humana, que camina unida en la formación de los futuros profesionales de la hostelería.
Gracias, Javier, por tanto.
La Escuela de Hostelería Guayente, el profesorado, los alumnos y todos los que te conocimos te recordaremos siempre. Porque fuiste, eres y serás parte de esta escuela que ahora lleva tu nombre en su corazón y en su aula.
Gracias, Javier, por haber compartido tu tiempo y tu esencia con nosotros.
Por formar parte de esta casa.
Y por dejar una huella que no se borrará jamás.





















Tu aula, tu gente, tu escuela, siempre contigo.